Invitados de Honor 2011

Béla Tarr
La obra de Béla Tarr representa una influencia importante en mi trabajo. Recientemente tuve la oportunidad de volver a ver sus últimas tres películas, Damnation, Sátántangó y Werckmeister Harmonies, lo cual me motivó a reflexionar sobre la gramática del cine y el efecto que la industria ha tenido en ella. Así es como lo veo: en un inicio, los realizadores optaron por tomas largas, encuadres fijos y composiciones parecidas a las del teatro, pues era el arte que tomaron como referencia para comercializar el cine. Sin embargo, tan sólo veinte años después, el séptimo arte desarrolló un nuevo vocabulario. Los acercamientos, las diversas técnicas de montaje y formas de narrar rompieron con la continuidad de las tomas largas y estáticas. Ahora el director podía jugar con el tiempo y el espacio cinematográficos, colocando distintos fragmentos para generar nuevos significados. Estos cambios representaron una revelación emocionante, pero ¿determinaron la evolución del cine o marcaron sólo uno de varios caminos que pudo seguir?
Creo que estas novedosas técnicas cinematográficas alimentaron a la industria y crearon un especie de "vocabulario industrial". El director tenía mayor control sobre los personajes, el tiempo narrativo, la historia y, finalmente, sobre el espectador: al ordenar los diversos elementos de la narrativa y de la imagen, influía directamente sobre la manera de apreciar la historia. Las tomas largas y los encuadres fijos pasaron de moda. Las cosas eran modernas, más fáciles; así como existía una máquina para lavar ropa sin requerir esfuerzo alguno, existía una máquina para pensar. El cine industrial se convirtió en una mega-industria y un mega-cine, pero ¿acaso el lenguaje cinematográfico permaneció igual? El vocabulario visual de un programa televisivo del 2001 como Ally McBeal es el mismo que el de Nacimiento de una nación (1915). En este contexto, no es sorprendente que El ciudadano Kane sea considerada la mejor película de todos los tiempos; una película que trata precisamente sobre el venderse a sí mismo mientras se añora la era victoriana, es decir, el vocabulario del cine en su origen: aquél "botón de rosa" (Rosebud) que se ha quedado atrás en un siglo anterior.
La obra de Béla parece ser un punto de partida exitoso y auténtico, un nuevo comienzo de un cine completamente diferente. Por supuesto, tenía que venir del exterior de nuestra cultura occidental; un Rosebud perdido, que retoma uno de los múltiples futuros que poseía el cine antes de convertirse en instrumento de la industria.
Las creaciones de Béla utilizan tomas estáticas que permiten apreciar paisajes enteros, haciendo referencia quizá a la famosa toma del tren entrando a la estación de los hermanos Lumière a finales del siglo XIX que obligaba al público a correr para no ser arrollado por la locomotora en pantalla. De alguna manera Béla regresó psíquicamente ahí, a los orígenes del cine, como si nunca hubiera pasado por la industrialización. En Werckmeister Harmonies, una multitud furiosa avanza por la calle para quemar el hospital; la toma dura como cinco minutos. Cuando al terminar la proyección le preguntaron por qué la toma de la multitud duraba tanto, Béla contestó: "Porque el camino que tenía que recorrer era muy largo". La pregunta era sincera: ¿por qué el público acostumbrado al cine posmoderno industrial tendría que sentarse a observar a una multitud furiosa durante tanto tiempo? (incluso una toma de diez o quince segundos sería demasiado larga). La respuesta de Tarr es cómica pero sincera: era un camino suficientemente largo y el mostrarlo durante cinco minutos afecta el modo de apreciar el evento, la multitud, la marcha, el hospital. En lugar de mostrarlo de la manera rápida, fácil y pre digerida del vocabulario industrial, deja que se revele lírica y poéticamente, invitándonos a formular nuestra propia interpretación en vez de decirnos, simplemente, la multitud caminó. En este caso, la multitud caminó, se quejó y levantó las antorchas, caminó en pasos sincronizados y desfasados, avanzó, retrocedió y cuando llegó, había sido un largo camino.
En respuesta a una pregunta de François Truffaut, Hitchcock dijo que los cambios estilísticos más importantes en el cine podrían lograrse a través del personaje. Tal vez, pero aquí tiene lugar un cambio mucho mayor a través de las ideas. El cine de Béla es órganico y contemplativo: observa la vida de un modo que es casi imposible de apreciar en una película moderna común y corriente. Se acerca tanto a los verdaderos ritmos de la vida que es como ver el nacimiento de un nuevo cine. Es uno de los pocos directores auténticamente visionarios.
— Gus Van Sant *Tomado de Béla Tarr Retrospective Catalogue (MoMA, 2001) con el permiso del autor.













































